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El siglo XIX sacó a flote eventos que marcaron las
realidades de la economía, hubo guerras, teorías de desarrollo, crisis
económicas, entre ellas la de los años 30, la cual Keynes y sus brillantes
pensamientos lograron explicar y equilibrar. Escribiré ideas de la teoría
Keynesiana acerca de la demanda efectiva y las implicaciones que tiene en la
desocupación, en la propensión marginal a consumir, el incentivo para invertir.
Al final compartiré una gran historia que infiero tiene una implicación
económica bastante amplia que aunque se cuente con otras palabras, resume de
una forma muy noble lo que se vive y se siente a diario.
A raíz de las críticas realizadas por Keynes a los
clásicos nacen más ajustes que complementan lo que nos quiere mostrar con su
teoría general. Los costos de la tierra, el trabajo son los principales
factores de los que parte la producción, pues son inherentes a esta, el costo
de uso, aquel que se paga a otros empresarios en busca de insumos, el costo de
factores de producción por sus servicios (renta y salarios) son los que
conforman una gran parte de la demanda agregada.
El ingreso total es el resultado de los costos de los
factores y la ganancia del empresario, la ganancia del empresario es el
remanente que resulta después de descontar los costos, es decir se puede
inferir que en manos de los empresarios está el funcionamiento de la economía,
gracias a estos las personas tienen salarios y cumplen con la satisfacción de
la necesidades básicas, claro está que no todos, y el modelo que se expresa no
es tan buen samaritano como se podría plantear. El ingreso total se da gracias
a los beneficios que se desenlazan de la inversión, pues esta genera
rentabilidad, y claro está que si seguimos la línea de los planteamientos de
salarios reales, y la visión clásica que iguala el salario real al nominal,
llegaríamos a apreciar que los trabajadores deberían usar todo su salario en la
obtención de bienes para el sostenimiento físico, no quedaría dinero para el
ahorro, y si no existiera este pues la inversión sería imposible porque el
ahorro como corolario llega a las manos de los inversionistas “El aumento de la demanda agregada eleva el
ingreso, y con este aumento del ingreso, crece el ahorro. Esta expansión del
ahorro hace posible financiar un déficit presupuestal más cuantioso sin
desplazar completamente el gasto privado” (Dornbusch, 2008, p.263).
Los empresarios fijarán el volumen de ocupación en el
momento en que la cantidad de empleados generen la mayor ganancia creando así
la Demanda global, que pronto va a generar un ajuste con la cantidad de mano de
obra ofrecida, que se ha de llamar oferta global. Aquí es donde llega el ajuste
de la cantidad de mano de obra empleada, y es la demanda efectiva, es decir el
momento en el que la oferta global y la demanda global se igualan. Si
tuviésemos una demanda global menor, pues el ajuste se haría en el momento en
que se contraten todas esas manos de obra necesarias para la producción óptima.
Los clásicos usan como explicación de precios la
teoría cuantitativa del dinero, porque de otra manera como lo veníamos contando
se encuentran falencias, está en que según la ley de toda oferta crea su propia
demanda: la oferta global y la demanda global son iguales a cualquier nivel de
producción, sin importar cuál sea la cantidad ofertada de trabajadores, pero no
en todos los niveles de producción el empleo es total, como se podría apreciar
si hiciéramos una gráfica de oferta y demanda de trabajo, es decir en cada
intersección hay un equilibrio diferente de empleo, dificultando la explicación
de los precios.
¿Pero es realmente toda esta relación la que hace que
la oferta global y la demanda global se crucen para nacer la demanda efectiva? “La demanda efectiva que trae consigo la
plena ocupación es un caso especial que sólo se realiza cuando la propensión a
(consumir y el incentivo para invertir se encuentran en una relación mutua
particular”. (Keynes, 1936, p.36). El volumen de ocupación es un resultado de la propensión
marginal a consumir y el coeficiente de inversión, por eso cuando aumenta la
cantidad de empleados en la economía, debe aumentar la propensión marginal a
consumir, pues este será el incentivo principal para el productor a menos que
aumente el incentivo para invertir de manera que se cubra la brecha existente
entre la demanda global y la propensión marginal a consumir.
Sé que el análisis del mercado de ocupación a este
nivel es un poco denso, y a veces son palabras fuertes las que gestan las
teorías, y aunque deben ser necesarias, se ve cómo la materialización de la
persona se ha hecho inmanente a la hegemonía inconscientemente aceptada por la
humanidad. Por las memorias de aquellos que dejaron la verborrea y se volvieron
carne. Eduardo Galeano (1940): Sueñan las
pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que
algún mágico día llueva de pronto
la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la
buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en
lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica Roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata. (p.52)
la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la
buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en
lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica Roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata. (p.52)
Bibliografía
Maynard, Keynes, (1936). Teoría general de la Ocupación, el interés y el dinero. México:
Fondo de cultura económica.
Dornbusch,
R., Fischer, S., Startz, R. (2008). Macroeconomía (10. Ed.). México:
McGraw-Hill Irwin.
Galeano, Eduardo, (1989). El libro de los abrazos. España: Siglo XXI
El texto tiene varias imprecisiones, que las auguraban desde el comienzo con la equivocación del siglo al que se refiere no es el XIX sino el XX. Pero no tengo intención de resaltar esas imprecisiones, sino de agradecer por haber extraído ese pequeño párrafo de Galeano siempre preciso, siempre provocador, siempre contestatario, siempre presente...
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