miércoles, 27 de septiembre de 2017

La intervención estatal



Keynes saca a la luz pública su Teoría General de La Ocupación, el Interés Y el Dinero, en un momento álgido después de la crisis, que desencadeno la crisis de 1929, donde todo el “bloque” europeo estaba profundamente afectado por el crack. Una Europa que todavía se estaba recuperando de los devastadores daños de la guerra y casi de inmediato se ven envueltos en una profunda crisis generada en Norteamérica pero de fuerte incidencia en la economía europea.
Las elites económicas del momento, envueltos también en crisis apuestan por la alternativa: deciden adoptar las propuestas dadas por Keynes en su magna obra, para poder salir del atolladero. El estado se asume como un catalizador para generar dinámica en la economía, impulsando con su musculo financiero los agentes de la economía. Era la respuesta al modelo fracasado del libre mercado del laissez faire laissez passer, que dejo pasar y ni cuenta se dio. Lo más sensato sería pensar que esta dinámica fue adoptada por todos los países en crisis, cuyas tasas de desempleo (o paro) eran desorbitantes y los capitalistas no tenían incentivo alguno para reanudar la producción. Eso sería lo más sensato, pero La Alemania Nazi decide tomar un camino diametralmente opuesto.
El imperio Alemán desaparece, toda su infraestructura política colapsa luego de la abrumadora derrota en la primera guerra mundial. Se crea un gobierno de corte Democrático recibiendo un deteriorado en lo político, en lo económico, en lo social, una tasa de desempleo alta, trata de solucionar sus problemas con la imprenta desaforada de papel moneda provocando una, nada envidiable, hiperinflación. Todo esto es caldo de cultivo para que sea aceptado un discurso de odio que despierte la esperanza.
Alemania con su población sumida en el hambre, en el desempleo; una nación con una derrota política y damnificada por unas imposiciones económicas fuertes en el tratado de Versalles que en la práctica la dejaba insostenible, en bancarrota. No suficiente con eso recibe un tiro de gracia patrocinado por el crack del 29. Para mediados de 1930 se estima 10 millones de desempleados alemanes: Alemania se encontraba sumergida en gran desesperación.
Hitler es consciente del problema y es capaz de concretar un discurso lo suficiente enardecedor, esperanzador como para tomar el poder por medio del sufragio obteniendo el 99% de los votos.
Lo interesante en el caso de la Alemania Nazi es su nueva forma de afrontar la crisis económica, política y todo lo que esto implica en la sociedad. Ya se ha dicho que el ideal de la mayoría de naciones, en ese momento de crisis, era poner en acción la teoría más sensata, más cuerda y practica posible y esa era la teoría que propone Keynes: el estado como fuente vital para dinamizar y reactivar la economía. Pero La Alemania Nazi opta por dinamizar la economía con la privatización de las industrias, vendiendo las propiedades del estado para poder obtener recursos y financiar sus políticas de estado: el Régimen Nazi decide reactivar la economía poniendo en manos de los privados la producción del país.  Iba en contravía de lo que se pensaba era la solución a la crisis, adoptar las propuestas Keynesianas.
A pesar de haber adoptado dinámicas distintas para afrontar y salir de la crisis, Alemania tuvo un lapsus de estabilidad, hubo un momento de pleno empleo y hubo un desaforo importante por la demanda de mano de obra. Pero es importante decir que la guerra fue un enclave vital para que este modelo no fracasara. La guerra reactiva de gran manera la economía, la producción y la productividad van en ascenso a la par de las necesidades logísticas de mantener la guerra.

Alejandro Velasco


2 comentarios:

  1. Las ideas del intervencionismo estatal tenían cierta aceptación, incluso antes de la crisis de 1929, pero sólo fueron acogidas ante la persistencia de la gran depresión, y tras la sustentación teórica por parte del economista John Maynard Keynes. El contexto político y económico mundial estuvo influenciado, hasta la década de los treintas del siglo XX, por lo que hoy se conoce como liberalismo clásico.

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  2. si se habla de intervencionismo estatal se quiere denotar la tendencia a promover la participación de la autoridad pública en el proceso de la economía, ya para asumir la gestión directa de determinadas áreas de la producción, ya para alentar o desalentar ciertas actividades según su conveniencia social, ya para restituir la libre competencia cuando ésta se ha perdido por la acción monopolista, ya para utilizar el sistema tributario y la seguridad social como instrumentos de distribución del ingreso, ya para cortar abusos del poder económico privado o para orientar la economía de un país en determinada dirección.
    Las actuaciones de política económica del Estado inciden sobre un amplio número de variables y relaciones económicas, tales como la producción, los precios, el empleo, los beneficios, el dinero, el comercio exterior o la distribución de la renta.

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