A los
marxistas de hoy solo les preocupan los adultos: al leerlos podría creerse que
nacemos en la edad en que ganamos nuestro primer salario: se han olvidado de su
propia infancia y al leerlos todo ocurre como si los hombres sintiesen su
alienación y su reificación primero en su propio trabajo, cuando primero, cada
cual lo vive, como niño, en el trabajo de sus padres. El verano, Albert Camus.
Al interior de los planteamientos clásicos de
Jean-Baptiste Say se esconde la suposición, o mejor, se propone la condición de
que todo lo ofertado es consumido, que toda oferta está en la capacidad de
generar su propia demanda. No obstante, la teoría keynesiana incorpora un
elemento de relevancia, este es la propensión al consumo, una variable
psicológica que actúa como punto de quiebre sobre la propuesta clásica de Say.
La propensión al consumo mide la proporción del ingreso que es destinado a la
demanda de mercancías. Así pues, una propensión al consumo de digamos, 0,7
indica que el 70% del ingreso es destinado a la compra de mercancías. Este
elemento social adquiere gran importancia si se desea encontrar un pilar que
fundamente las crisis económicas ya que es el fundamento principal de continuas
demandas que no logran adquirir o realizar el total de mercancías producidas.
Para ver el origen de las crisis desde el
proceso inicial de producción procederemos a ejemplificar un caso: un
capitalista pone en marcha su capital con el fin de producir 500 unidades de
mercancía, para esto requiere 50 unidades de mano de obra, así pues, una vez ha
contratado la respectiva mano de obra y ha producido las 500 mercancías, paga
el costo de sus factores de producción, y concretamente remunera a su factor
trabajo a través de una cierta cantidad, digamos 100 UM, cantidad que para
estos últimos se constituye como su ingreso. Hasta ahora, nos hemos ocupado con
rapidez y con muy poco detalle en ejemplificar el proceso de producción de
mercancías. Pero es el ámbito de la demanda en donde se establece lo esencial
que da pie a un proceso que terminará por degenerar en crisis.
Cada unidad de mano de obra ha recibido por
tanto 2 UM que constituyen su ingreso, pero aspecto interesante, si se sigue al
obrero ya remunerado en su individualidad se observará que gasta exclusivamente
una parte de su ingreso, digamos 1.5 UM, lo que nos indica que la propensión al
consumo es de75%. Y de manera semejante, las otras 49 unidades restantes de
mano de obra actuarán con semejanza, es aquí pues donde se presenta una
situación de demanda insuficiente pues tan sólo el 75% del ingreso fue
destinado al consumo. De esta forma, mediante evidencia ‘empírica’ la ley de
Say queda desmantelada.
Nuestro capitalista entre tanto, ignorante de
la situación del consumo en la economía, se dedica a la incorporación de nuevas
y mejores unidades de capital dentro de su proceso productivo, mediante el uso
de nuevas inversiones. Estas nuevas unidades de capital destinadas a producir
ya no 500 sino 1000 unidades de mercancías, requieren de unidades de mano de
obra que las asistan en su proceso de producción. Así pues, nuestro capitalista
requiere de la contratación de sus 50 unidades de mano de obra, estos, al
terminar el proceso productivo serán remunerados con 200 UM, esto es, 4 UM para
cada unidad de mano de obra. Seguimos de la misma manera a cada unidad de mano
de obra en su individualidad, observando de que la cantidad de ingreso destinado
al consumo es de 2 UM, así pues, la propensión al consumo es ahora del 50%. Se
observa evidentemente entonces, que no todo el ingreso es destinado al consumo,
llegando a una conclusión evidente: la imposibilidad de la realización total de
las mercancías producidas en la economía.
Cabe hacer una anotación en este punto, esta
es, que como se ejemplificó, mayores niveles de ingreso generan menores
propensiones al consumo, suceso explicado dado que mayores niveles de ingreso
permitirán una proporción cada vez menor destinada a la satisfacción de
necesidades básicas tales como alimento o vestido.
De esta manera la actividad económica de
producción y demanda en su conjunto da lugar, en el largo plazo, a
desequilibrios que desembocan en crisis económica; alto desempleo y bajos
niveles de consumo.
- ¿Qué tal dotor? ¿Cómo me quedó el texto?
-Muy bien Heriberto, un análisis hecho con
seriedad y rigurosidad.
-Sí dotor, y como me sugirieron que lo
soportara con cifras exactas pues ahí le va una: tengo cincuenta y ocho años,
nueve meses y doce días.
Escrito por: Jorge Luis Rivadeneira Daza.
Hola
ResponderBorrarEsta muy bien sustentado el tema que desarrollaste, pero lo que plantea keynes respecto a mayores ingresos, menor sera la propension al consumo, en mi opinion todos los casos manejan un contexto diferente y se puede observar que asi como los ingresos de algunos individuos sean cada vez mayores por x ó y motivo, así mismo es su consumo o por el contrario este ultimo es cada vez menor, dependiendo de las circunstancias que lleven al individuo a consumir o dejar de consumir, porque de igual manera no habrá consumo cero, pero si consumos menores.
Buenas noches,
ResponderBorrarCreo que lo planteado en el texto es correcto, como lo presenta Keynes, al incrementar el ingreso incrementa el consumo solo que no en la misma proporción, adicional a ello se conoce que entre más incrementa el ingreso el porcentaje determinado en consumo es menor, dado que se encuentran satisfechas las necesidades básicas.
Hola, yo también viví lo de ir de pequeña al trabajo de mis padres sin darme cuenta "reificaba" una y otra vez en sus trabajos, por supuesto también he sentido que nacemos cuando ganamos un primer salario nos hace crecer si, pero sin dejar atrás la infancia y todo lo demás.
ResponderBorrarla propensión al consumo aumenta con el aumento de los ingresos pero nunca a la misma proporción, así que el consumo aumenta a menor medida que el ingreso.