En
el presente texto paralelo se tratara de encontrar ciertos problemas al abordar
las expectativas en la economía, comenzando por su alto grado de
indeterminación, y finalizando con implicaciones éticas en la construcción de
las expectativas tanto a corto como a largo plazo.
Pues
bien, como lo demuestra Keynes, es con las expectativas que decide el productor
o el inversor un nivel de ocupación, un nivel de producto, etc., sin embargo no
lo dice tácitamente que un cambio en estas expectativas puede producir un
encadenamiento de expectativas y predicciones a nivel general en todos los
sectores de la economía, que al final disten mucho de la realidad ‘predecible’.
Estas expectativas influencian a los otros e inciden directamente en sus
decisiones.
Las
expectativas de expertos, se dirigen a contestar, por ejemplo ¿cómo va a estar
el precio de X en tal espacio de tiempo? Basados principalmente en general por
los resultados obtenidos, excepcionalmente en acumulaciones de existencias o
reducción de pedidos futuros. Las expectativas de largo plazo siempre están
cambiando y toman en cuenta las influencias del entorno con relación intrínseca
de las expectativas del corto plazo. (Keynes: 1936, 52-54)[1]
Pero,
¿qué pasa si el nivel de ventas no refleja para el productor el nivel real de
lo puede ser vendido? Lo que quiero decir es que esas expectativas casi siempre
son imprecisas y distan mucho del futuro, principalmente porque el futuro es
incierto, y los estudios por más que se incluyan las variables clave, siempre
tendrán un cierto grado de indeterminación.
Por
otra parte, hay muchas maneras para influir en esas expectativas y de ahí en
las decisiones de producción.
Pienso
que esas expectativas son creadas por los mismos economistas, son contratados
para ello, para tomar decisiones se dice: de invertir, de producir, de
financiarse. Pero muchas veces, ya lo hemos visto en muchos escándalos
financieros, se crean estudios que ni siquiera tratan de aludir a la realidad
sino que son hechos de mentiras y falsedades solo con el fin de ponerse
atractivos a un inversor/productor ingenuo.
Para
muchos, una de las causas de la crisis de 2008 fue un comportamiento moral
ilegitimo por parte de los economistas, que daban como no ciertas las
predicciones de que ese sistema tan rentable se les iba a caer. Fueron
silenciadas esas voces por el ingente poderío de los intelectuales que
manejaban a su antojo las relaciones entre el poder político-económico y el
conocimiento. Valiéndose de esto la legitimidad de la profesión se vio afectada
al punto de aceptar ellos mismos, algunos de ellos, que la avaricia era mucha y
que si los gobiernos dejaban vía libre para estas maniobras las van a seguir
haciendo. Es preciso mencionar que los grandes economistas,
intelectuales-profesores, son muchas veces los gerentes o asesores financieros
de las grandes compañías que tienen un poder impresionante muchas veces
extralimitado para manejar la economía a su antojo.
Es innegable
el lazo que une a la economía de la política, y de los medios que se hacen
valer para atesorar en tiempos relativamente cortos grandes capitales.
La
ética en formulaciones de estudios económicos que favorezcan a unos u otros es
clave cuando se trata de la realización y materialización de expectativas para
el correcto funcionamiento del sistema. La intervención del estado no se debe
solo a suplir un nivel de inversión que no cope el sector privado, para
mantener estable su funcionamiento (al menos en un corto periodo de tiempo);
sino que también es necesaria para controlar que los grandes capitales no se
aprovechen de las libertades que ofrecen los mercados desregulados.
La
formulación de políticas no se puede hacer de la nada pues necesita de un
sustento teórico apoyado en las prácticas y regularidades históricas, en la
coyuntura y contexto social actual. Pero el discurso de la justificación de los
mercados desregulados es largamente favorecida por los grandes académicos, lo
que no nos dicen es que quienes son sus más férreos defensores son los que
están aprovechando sus ventajas haciéndose cada vez más ricos en contraste de
empobrecer al resto de la sociedad.
Se
ha intentado dar otra visión acerca de las expectativas que me parece
importante. La relación entre la ética y las decisiones de política económica
en nuestros contextos está íntimamente ligada y siempre es bueno no dejarla de
lado.
Código: 104415010598
[1]
A Keynes se le nota el recelo al
utilizar el término largo plazo, pues considera que: “en el largo plazo todos
estaremos muertos” y menos acepta que en el largo plazo siempre haya
equilibrio. Por esto el largo plazo que Keynes utiliza hay que entenderlo mejor
como un medio/mediano plazo.
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