Ana Cecilia MUÑOZ VELASCO
Un día Juan decidió
jugar a la suerte y compró la lotería. Al día siguiente y sin mayores
aspiraciones revisó el resultado, que para su asombro y alegría, había caído en
los números del billete que tenía en sus manos. Sin pensarlo dos veces Juan
corrió a reclamar su premio y como buen ser humano, guiado por deseos y sueños
empezó a gastar el dinero en bienes suntuarios. Al poco tiempo este dinero
había disminuido notablemente, por lo que angustiado de la situación se
preguntó qué podía hacer con lo que le quedaba, para que en vez de acabarse,
aumentara y hasta sobrepasara lo que en un inicio había sido el premio. Juan
nunca se había informado de lo que esto implicaba pues desde que tenía
conciencia, cada mes entraba un salario a su cuenta, que representaba la
cantidad de dinero a cambio de su trabajo (salario nominal) del cual gastaba
para bienes y servicios dado un nivel de precios (salario real). Sin embargo y
para sorpresa de él se dio cuenta que había estado en una ilusión monetaria,
planteada por los neoclásicos, al no distinguir la diferencia entre el dinero
que recibía y su poder adquisitivo. Y como bien lo criticó el economista John
Keynes, los trabajadores no pactan su trabajo.
Lo que Juan hizo fue
buscar ayuda profesional que lo orientara de una mejor manera, para convertirse
en un capitalista y ocupar este factor de producción. Se interesa por la teoría
que llevaría con bases a la práctica. Así por ejemplo, conoce los tres factores
de producción importantes, que son la tierra en función de la renta, trabajo en
función del salario y el que tenía a su alcance en ese momento, el capital en
función de la ganancia. Entonces si realmente quería sacar mayor provecho debía
empaparse de conceptos valiosos dependiendo del punto de vista desde el cual se
ubicara. Habiendo sido parte de la población de asalariados, quiso ubicarse
primero en esta posición.
Inicialmente reconoce que,
según la teoría de los clásicos, la utilidad del salario con un determinado
volumen de trabajo es igual a la desutilidad marginal de ese mismo volumen de
ocupación. Es decir, que el salario le genera la misma satisfacción que la
ocupación de su mano de obra con la insatisfacción que ello le trae. Luego,
entiende que la desutilidad es cualquier motivo que induce a no trabajar antes
que aceptar un salario que represente una utilidad inferior a cierto límite.
Aquí, fue cuando Juan recordó aquella vez en la que no se sentía a gusto con el
dinero que estaba recibiendo a cambio de su esfuerzo al trabajar bajo
condiciones extremas de sol y le tocó recoger la cosecha de café. Por eso,
buscó otro empleo pues no estaba dispuesto a ocuparse con un salario nominal menor,
y ese espacio y tiempo que tardó en conseguir trabajo, debido a la resistencia
entre puestos de trabajo, se llama desocupación friccional. Lo que no le
quedaba claro a Juan era por qué cuando intentaba conseguir otro empleo y
ofrecía su factor de producción trabajo a un menor salario que le generaba una
utilidad inferior, se demoró tanto en lograrlo.
Leyendo a Keynes,
comprendió que el problema radicaba en que no había demanda de trabajo
suficiente, a lo que el economista denominó desocupación involuntaria, que por
más que Juan quería trabajar en ese entonces no había en el mercado una vacante
disponible para él. Ante esta situación de equilibrio, y según el clásico
Pigou, de las siguientes cuatro formas se aumentaba la ocupación: i) Mejorar la
organización para disminuir la desocupación friccional. ii) Bajar la
desocupación voluntaria disminuyendo la desutilidad marginal del trabajo. iii)
Aumentar la productividad marginal del trabajo en las industrias de los
productos para asalariados. iv) Incrementar el precio de los artículos para
asalariados. En este punto, Juan ignoraba menos detalles que cuando empezó su
búsqueda pero había términos que no comprendía.
Por otro lado, cuando
Juan se ubicó desde el punto de vista del capitalista y/o empresario encuentra
que el salario que reciben los empleados es igual al producto marginal del
trabajo, entendiendo esto como cuánto producto físico genera la ultima unidad
de trabajo contratada lo que determina el monto del salario. Siendo así, si el
salario es mayor que el producto marginal del trabajo hay pérdidas para la
empresa y debe despedir trabajadores. Por el contrario cuando el salario es
menor que dicho producto, el empresario contratará mayor mano de obra, ya que
al trabajador se le está pagando un salario por debajo de lo que está
produciendo. También reconoce los dos tipos de costos que los empresarios
tienen, como los costos de factores de producción anteriormente mencionados; y
el costo de uso del nivel de ocupación, establecido como la suma que paga a
otros empresarios por lo que les compra, juntamente con el sacrificio que hace
al emplear su equipo en vez de dejarlo inactivo (Representado como A1-I).
Con todo esto, Juan va
analizando que para emprender un proyecto que le permita su objetivo y como
nuevo participante en X industria deberá ayudar a aumentar la ocupación de
manera que esto sea un estimulo para sí mismo, en el que la función de demanda
global expresada como D= f(N), donde D es igual al precio del producto que el
empresario espera recibir con N hombres, sea mayor que la función de oferta
global expresada en términos de Z, como la relación entre el precio de la
oferta global resultante del empleo de N hombres. Esto a su vez elevara los
costos de producción hasta el valor de N en que Z=D. En otras palabras hasta el
punto en el que haya pleno empleo, habiéndose copado toda a mano de obra
disponible.
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