“Cuando José Arcadio Segundo despertó estaba boca arriba
en las tinieblas. Se dio cuenta de que iba en un tren interminable y
silencioso, y de que tenía el cabello apelmazado por la sangre seca y le dolían
todos los huesos. Sintió un sueño insoportable. Dispuesto a dormir muchas
horas, a salvo del terror y el horror, se acomodó del lado que menos le dolía,
y sólo entonces descubrió que estaba acostado sobre los muertos. No había un
espacio libre en el vagón, salvo el corredor central. Debían de haber pasado
varias horas después de la masacre, porque los cadáveres tenían la misma
temperatura del yeso en otoño, y su misma consistencia de espuma
petrificada “
(Gabriel García Márquez, Cien Años de Soledad, 1967)
En 1928, los trabajadores de la United Fruit
Company se lanzaron a una huelga general para protestar contra las pésimas
condiciones de trabajo que existían en la zona bananera, más de 25 000
trabajadores se negaron a cortar los bananos y a pesar de todo no lograron un acuerdo. La
decisión de los capitalistas empedernidos apoyados con las fuerzas militares
fue terminar la huelga con un baño de sangre: en la noche del 5 de diciembre,
soldados colombianos dispararon sobre una reunión pacífica de millares de
huelguistas, matando e hiriendo a muchos conocido en la historia de nuestro
país como “la masacre de las bananeras”
Lo que exigían los trabajadores era lo más
básico y primordial que busca cualquier persona en su empleo (mejores sueldos,
vivienda, salud) derechos que para este
siglo XXl deberían de estar garantizados como está escrito en la constitución
política de 1991, donde proclaman artículos hablando del trabajo como tal,
derecho a trabajos dignos y con condiciones justas, principios protectores del
estado hacia el trabajador, pero la realidad en Colombia y en muchos otros
lugares del mundo existe aún el trabajo mal remunerado bajo condiciones
indignas, jornadas larguísimas, tanto que las personas optan por trabajos
informales, prostitución etc. solo para tener supervivencia y otras cosas más (necesidades y deseos) dentro
de este sistema. El punto es que las empresas o empleadores han sido
estratégicos y astutos a la hora de buscar, en su defecto contratar mano de
obra calificada o no, que a la hora de la verdad ya pasa a un segundo plano lo
que les importa es lograr obtener la mayor mano de obra que necesiten y este
flotando por lo general desesperadamente
en el mercado, hace un momento mencioné la palabra contratar aludiéndoles a que
“el contrato” es el punto clave en todo esto, que bien lo podemos retomar de J.
Maynard Keynes cuando formulo su teoría de la ocupación.
Keynes no solo nos hablaba de la
productividad, de la demanda efectiva sino de los salarios (real, nominal) , de
supuestos convenios empresas-trabajadores, la peculiar canasta para asalariados
… hasta que llega al contrato en el momento en que decide defender y decir que
los asalariados en ninguna
instancia fueron ignorantes que por el
contrario la economía ortodoxa les había hecho sentir que el salario nominal
era exactamente equivalente al salario real, cosa que por supuesto desmintió
conllevando a decir que los trabajadores están atados de pies a cabeza por un
intermediario (contrato) que les prohíbe retirarse por ejemplo, de su empleo en
el momento en que su salario real es mayor en gran medida en frente al salario
nominal , situación vigente tristemente pues el SMLV es la mitad del precio
calculado para una canasta básica familiar, canasta que todos los días está
expuesta a variaciones de precios, inflación e incluso devaluación de la moneda
pero no, definitivamente el empleador no
se interesa en lo absoluto por esto.
Afortunadamente el sindicalismo surge para
defender con honor derechos e
injusticias que se cometían y se siguen cometiendo en el ámbito laboral, como
ocurrió en el siglo pasado en la zona bananera del país en donde miles de
obreros tuvieron las agallas para decir ¡NO MÁS! , obreros que murieron para revivir ese
espíritu ,para hacer notar que muchos prefieren pasar por encima de la vida de
una o miles de personas para lograr su beneficio propio, beneficio que en este
caso era de ánimo de lucro y que fortalecieron el sindicalismo.
Señores dueños de fuerzas de producción,
capital el sistema está de su lado aunque cada día se sigan firmando contratos
entre empresas y trabajadores todo esto
ya salió a la luz con la ayuda de este gran economista quien en términos de
oferta demanda y productividad marginal del trabajo se convierte sinónimo de
lucha para los sindicalistas.
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