La teoría económica
clásica domina ampliamente en el mundo a principios del siglo XX, el libre
mercado hace de las suyas siendo el sistema intocable y consentido de la
potencia mundial concibiéndose: los Estados Unidos de Norte América. EE. UU.
(Estados Unidos) entra a beneficiarse de la primera guerra mundial en Europa entrando
en la guerra y convirtiéndose en el principal productor y exportador de
alimentos, siendo el impulso económico para los gloriosos años 20, donde el
despilfarro era su esencia, la compra y venta de acciones era el pasatiempo
nacional por su gran beneficio. Todo era un país hecho perfección, era
imparable la gloria del nuevo imperio.
Pero la catástrofe se empieza a fraguar, lo
imposible se hace posible y el descalabro inicia cuando la Primera gran Guerra
termina con victoria para los aliados. Al acabar la guerra las exportaciones de
alimentos disminuyen. Los campesinos habían adquirido grandes créditos por la
firme confianza de un beneficio seguro por tan gran bonanza exportadora, pero
no contaban con el prematuro fin de la guerra. Endeudados, el sector agrícola
en crisis, y sin un panorama claro de cómo pagar abandonan el campo migrando a
las ciudades.
El libre mercado, solo sin que nadie lo
controlara hacía y deshacía. Después de terminada la guerra y a pesar de un
sector agrícola en crisis EE. UU. Se empieza a imponer como la potencia mundial
produciendo y exportando productos a los hijos de la Europa destruida. Se vive
momentos de en los años 20, todo es felicidad hasta antes del desplome de la
bolsa. Suceso altamente conocido que no es necesario relatar sus causas, pero
si sus consecuencias.
Al desplome de la bolsa le siguió multitudes
de personas que lo perdieron todo, bancos en banca rota por insolvencia y
ahorradores de esos bancos arruinados por no poder recuperar su dinero, cierre
de gran cantidad de fábricas, creación de barrios marginales y, como un cáncer,
la gran depresión se esparce por gran parte del mundo. Un gran problema, no
menos importante, el gran paro obrero.
La teoría clásica
considera dos tipos de desempleo: el desempleo friccional siendo este un
periodo de transición de pasar de un empleo a otro y el desempleo voluntario es
aquel donde el individuo decide no trabajar porque el salario no es suficiente
para superar la desutilidad marginal del trabajo. Pero Keynes añade una tercera
que según la teoría clásica ortodoxa no tiene cabida por falta de validez:
desempleo involuntario. La definición de la desocupación involuntaria dice que
“…Los hombres se encuentran involuntariamente sin empleo cuando, en el caso de
que se produzca una pequeña alza en el precio de los artículos para
asalariados, en relación con el salario nominal, tanto la oferta total de mano
de obra dispuesta a trabajar por el salario nominal corriente como la demanda
total de la misma a dicho salario son mayores que el volumen de ocupación
existente.” Siendo en pocas palabras que el individuo no puede trabajar no
porque no quiera, sino que simplemente no hay vacante para él en un puesto de
trabajo.
En ese orden de ideas,
encadenando la tercera forma de desempleo que propone Keynes, y que desdeña la
escuela clásica de economía, con el gran paro obrero después del crack es fácil
evidenciar que el tipo de desempleo acuñado por Keynes es totalmente valido. No
necesariamente se requiere revisar las crisis para confirmar que efectivamente
el desempleo puede ser involuntario, pero es uno de los escenarios donde más se
hace visible por la inmensidad del grupo. Para confirmarlo en una época de no
crisis bastaría con revisar las estadísticas en Colombia de los profesionales
egresados de programas universitarios que no han logrado ubicarse en su primer
puesto de empleo que no lo hacen no porque el salario sea menor a su desutilidad
marginal del trabajo, sino porque la demanda laboral no posee más vacantes.
Alejandro Velasco
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