jueves, 14 de septiembre de 2017

Conociendo un poco más de Keynes



Con miras a aprender un poco más de Keynes se puede señalar que hasta la década de los 30, la totalidad del cuerpo teórico de la ciencia económica dominante se concentraba en el estudio de las decisiones individuales de productores y consumidores, es decir, en lo que hoy conocemos como microeconomía. Como vimos, las principales conclusiones del análisis micro suponen la imposibilidad de existencia de desempleo en el mercado de trabajo, así como de la persistencia de excesos de oferta o demanda en el mercado de bienes, siempre y cuando los mercados actúen competitivamente. De ocurrir esto último los ajustes automáticos de precios y cantidades transadas eliminarán cualquier desequilibrio y devolverán al mercado a la situación donde se verifica la compatibilidad de planes de todos los agentes.
No obstante la teoría económica se vio enfrentada con la necesidad de tomar también en cuenta las medidas agregadas de la economía, debido a que la decisión de un empresario sobre cuánto producir incidirá directamente sobre el nivel de producto total y por tanto, sobre el nivel de empleo existente. Considerado aisladamente, el análisis de las decisiones individuales no era del todo útil para explicar los fenómenos que ocurrían más allá de las mismas.
Luego de plantear sus críticas a los postulados neoclásicos, Keynes plantea en el capítulo 3 de su Teoría General –el cual oficia como resumen de los contenidos del total de su obra, un punto de inflexión entre lo que hoy conocemos como microeconomía y macroeconomía.
En una época en que el desempleo era muy elevado resultaba imposible alegar que las decisiones racionales tomadas por los empresarios conducirían directamente al pleno empleo. Era imprescindible explicar las razones de la alta desocupación y la persistente recesión, lo cual es un problema típico de la actual teoría macroeconómica. La particularidad de la teoría keynesiana radica en atender este problema macroeconómico a partir de las decisiones tomadas a nivel microeconómico.
Así pues la emergencia de Keynes, visible en su propuesta contra cíclica, encuentra su puerta de acceso en el ambiente de la Gran Depresión, y corresponde a uno de los más intensos momentos de la reflexividad, de la relación entre pensamiento y realidad, con la que se planteó, cuatro años antes de la aparición de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, una nueva dimensión de la gestión económica gubernamental:
“... la intervención directa del Estado para promover y subvencionar nuevas inversiones. Antiguamente no se consideraba adecuado que el Estado se endeudara para llevar a cabo otros gastos que no fueran los propios de la guerra, por lo que con frecuencia había que esperar a una guerra para poner fin a una depresión importante. Espero que en el futuro no mantengamos esa actitud financiera purista y que estemos dispuestos a gastar en empresas pacíficas lo que las máximas financieras del pasado sólo nos permitían gastar en la devastación de la guerra. ¡En cualquier caso, afirmo con seguridad absoluta que lo único que podemos hacer es descubrir alguna excusa que aun las cabezas huecas consideren legítima para incrementar ampliamente el gasto!...” (Keynes, 1932).
Y fue así como la dinámica de la crisis, a partir de las indiscutibles demostraciones de progreso económico, cuando los beneficios superan sensiblemente a los costos, se hace visible con la aparición de aquello que, en la opinión del propio Keynes significaba (y significa) lo peor; la deflación, que es el momento en el que los costos superan a los beneficios, con lo que desaparecen los verdaderos incentivos para invertir, y que, de manera suplementaria, se acompaña de los problemas derivados de la asimetría y de la inoportunidad. Hay asimetría en el hecho que hace de la caída de los precios de alimentos y materias primas básicas (agropecuarias y mineras) un fenómeno mucho más apresurado, y de más lenta recuperación, que lo que puede observarse en la industria; hay, también, asimetría entre las variaciones de los precios y la recuperación de las industrias productoras de bienes de consumo y de bienes de capital, a favor, (si así se puede decir) de las últimas. La comprensión de lo que Keynes llamó su método, permite comprender, también, la inutilidad de enfrentar a la deflación y a la depresión resultante, con las llamadas soluciones de mercado de la sabiduría económica convencional. Ni la reducción de la oferta, en el propósito de elevar los precios, ni la reducción salarial, en el de reducir los costos, podrán producir efectos plausibles en un ambiente general de reducción del consumo o, lo que tiene el mismo resultado práctico, de mantenimiento del consumo con arreglo a un tipo de crédito impagable. La insolvencia, ya como imposibilidad de gasto presente, ya como imposibilidad de pago futuro del crédito con el que se financia el consumo presente, aparece como el más serio síntoma de la depresión y su inquietante tendencia.
En conclusión para Keynes, que construye su método como un sistema económico de tres variables independientes, (la propensión marginal a consumir, la eficacia marginal del capital y la tasa de interés) que determinan a dos dependientes (el nivel de ingreso y el volumen de ocupación), la verdadera determinación del ciclo económico, la que marca el ritmo, proviene de la inversión, misma que conforma el uso menos estable del ingreso y que no se ve incentivada (lo que hoy es totalmente evidente) por el bajo precio del dinero (bajas tasas de interés), cuya abundancia, manipulada o no, zozobra en la trampa de liquidez, sino por el incremento de la demanda efectiva o demanda agregada (demanda de bienes de consumo, de bienes intermedios y de bienes de inversión), que en ambientes deprimidos, de rentismo financiero y de déficit fiscal cero, deja de cumplir su encomienda, como la más general falla de mercado.

Referencias
Pigou, A. ; “La teoría general de Keynes”, Ariel, (1968)
Keynes, J. M. (1986): “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero”, México, FCE.
Keynes, J. M. (abril de 1932). «The Dilemma of Modern Socialism» [El Dilema del Socialismo Moderno].


Por: Diego Fernando Palacios Oviedo                                                

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