Daniel
Felipe Lozano Díaz
En
primer lugar, “puede causar visión de túnel, arrogancia y, muy probablemente,
muerte cerebral.” (Chang, 2014: 111).
Por otra parte pero por supuesto, no menos importante, ocasiona desequilibrios,
crisis, depresiones, y en general, malestar económico y social. Mi objetivo con
este breve escrito será mostrarle al lector cómo desde hace muchísimos años atrás
se ha cometido el garrafal error de creer que la teoría económica o el modelo en
ese momento imperante ha podido resolver todos los problemas que una sociedad
acarrea, pues esto solamente sería cierto si se llegase a pensar la economía
como una religión y que por ende, trae consigo, las tan llamadas, escuchadas y
criticadas verdades absolutas, cuestión que nos hace pensar que todo ya está
dicho, que todo ya está hecho. En otras palabras, mostraré cómo el ser
dogmático en una disciplina tan diversa y con tantos puntos de vista
divergentes, conduce en su mayoría a ocasionar desigualdades y más que eso, a
intensificarlas.
Antes
de la época de Keynes ya se podía ver estos síntomas de dogmatismo. Keynes en
su texto Teoría General hace una
fuerte crítica a los economistas llamados, por él mismo, clásicos, cuando vive
una realidad palpable que afecta a una sociedad, hablamos específicamente de la
gran depresión de los años 30 que generó malestar económico y social. Hubo un
deterioro en el aparato productivo por varios años, situación que afectó y
marcó una época que casi ni se quiere recordar. Desde el inicio de su libro,
Keynes mostró cómo los postulados clásicos tenían ciertas incoherencias,
además, demostró, que en ese contexto específico que vivían ya no se podían
aplicar. Logra así tumbar una teoría que hasta su momento se consideraba como
una verdad absoluta. Poco más adelante, sigue viendo incoherencias con los
planteamientos clásicos y en este punto me referiré específicamente a uno, que
a mi juicio, es muy importante no obviar y analizar. Cuando nuestro autor habla
en su capítulo que la demanda efectiva es aquél punto en el cual la curva de
oferta global se intersecta con la curva de demanda global, dado un nivel de
ocupación N, plantea unas situaciones posibles y explica por qué se da y cómo
se da. A diferencia de los clásicos, que lo que hacen es no desconocer ese
principio fundamental pero lo más peligroso de todo no es desconocerlo, sino no
cuestionarse bajo qué condiciones y parámetros, si se quiere, se puede
presentar tal situación. Esto es lo que hacen los modelos, abstracciones, ¿de
qué? De una realidad y conlleva necesariamente a plantear “supuestos” en su
mayoría de veces un tanto “heroicos” que permiten que ese modelo se pueda dar y
siga con total normalidad. Pues bien, los clásicos hasta ese punto lo que
habían hecho era desconocer las condiciones por las cuales se presentaba ese
principio y simplemente se asumía que, por ejemplo, “si el importe que se
esperaba recibir es mayor que el precio de la oferta global, habría un estímulo
para los empresarios en el sentido de aumentar la ocupación por encima de N”
(Keynes, 1981: 33), era verdad. En términos relativos, sí, si lo es, con
algunas excepciones, pero el problema no es ese, el problema es obviar el hecho
que un aumento en el valor de la demanda efectiva siempre va a estar acompañado
de un aumento constante de la producción, pues tal situación sí se presenta
pero llega un punto en el cual ya se limita y no se puede dar. En la teoría sí
es posible, en la realidad ya no. Keynes demuestra que para que se de esa
situación en particular debe de existir una propensión marginal al consumo y
una propensión a invertir, que guardan estrecha relación y una combinación en
determinadas proporciones puede impulsar un cambio, de lo contrario, es un poco
iluso pensar que se dé. De tal manera, lo que hace es mostrar que hasta ese
momento los planteamientos clásicos estaban equívocos y que sería desastroso
seguir pensando en ellos, pues como se evidencia, no son correctos a menos de
que se valgan de ciertos supuestos. Muy probablemente el dogmatismo que había
con respecto a la teoría económica clásica fue lo que ocasionó la crisis del
29, puesto que esos planteamientos se consideraban como una verdad innegable.
Lamentablemente las consecuencias de esto las sufrió la sociedad, una sociedad
hasta hoy dolida.
Por
otra parte y para seguir con la idea central del texto, esbozaré lo que
aconteció en los años siguientes a tal crisis y tal vez así logre convencer a
algún lector de lo que estoy diciendo. Después de que Keynes planteó una manera
distinta de pensar la economía, casi que por regla general o norma, muchos
países adoptaron tales políticas en sus gobiernos. Por ejemplo, políticas
estatales de aumentar el gasto público, de aumentar el empleo, de dar subsidios,
proteger la industria y demás; ¿y todo esto por qué? Porque la evidencia
histórica mostraba que era lo correcto, pero la cuestión que debió surgir en
ese momento fue, ¿hasta cuándo hacerlo? Pues bien, ahí es donde se encontraron
con otro problema. La premisa del libre mercado, la de dejar hacer a la
economía lo que ella considere y que se autorregule siempre, ha sido una idea
que ha estado en el sistema capitalista desde hace mucho tiempo. Cuando Keynes
planteó su solución a la crisis básicamente lo que quería era evitar que las
fuerzas del mercado siguieran controlando todas las actividades económicas
puesto que como pudo observar, el mercado y tales fuerzas no podían con todo.
Keynes lo que planteó fue una idea distinta de entender el mundo contraria a
como se venía haciendo, de tal manera, y como generó tanto impacto, que se
adoptó casi que en la mayoría de los países tanto americanos como europeos y
unos asiáticos. ¿Qué sucedió después? Que el déficit gubernamental iba en
constante aumento y las fuerzas productivas, al igual que la competencia, se
estaban limitando. Nadie desconoce que no haya servido tales acciones para
salir de la crisis, nadie desconoce el papel del Estado pero, el mundo pedía
más, las lógicas del mercado exigían algo distinto. Fue así como alrededor de
los años de 1981 y 1987 las políticas conservadoras y proteccionistas, ese
estado, quizás, paternalista, se desmoronó. Quienes impulsaron otra vez un
régimen de libre mercado fueron nada más y nada menos que las potencias
económicas de esos años: Estados Unidos con Ronald Reagan y Gran Bretaña con
Margaret Thatcher. Casi que por unanimidad de pensamiento, se comenzó a acabar
con subsidios, a recortar el gasto público, a privatizar empresas, básicamente,
a dejar el pensamiento Keynesiano a un lado para dar paso a una nueva manera de
pensar la economía, la economía neoclásica. El ser racional y el individualismo
es lo que caracteriza a esta corriente del pensamiento económico. ¿Qué ocasionó
el dogma de la teoría económica neoclásica? Acabar con la intervención del
Estado y si bien, es difícil hacerlo, reducir su poder de decisión a lo más
mínimo. ¿Qué nos importa esto? Mucho, pues gracias a las políticas neoliberales
promulgadas por los países más desarrollados, las potencias económicas, es que
necesariamente lograron que economías como la de los países de américa
latina quedaran rezagadas para toda la
vida. ¿Por qué? Porque es muy difícil que un “débil” compita con un “fuerte”,
porque es complejo pensar en incorporarse a esas lógicas de mercado cuando
nuestras economías presentan tantos problemas y de distintas índoles. ¿A caso
pensar que la economía neoclásica y el libre mercado tenían lo mejor, no fue lo
peor? Para países como los nuestros, sí fue lo peor. El dogma que hubo frente
al libre mercado fue tal que se extendió por todo el mundo. Ahora, la pregunta
es, ¿ha ocasionado desigualdades, proliferado los problemas y generado crisis? La respuesta se haya en los libros de historia
cuando nos hablan de “guerra fría”, “crisis del petróleo” y “crisis
financieras”. Quizás con tantos problemas y tantas desigualdades debamos de
abrir la mente de nuevo a maneras distintas de entender el mundo. Quizás haya
que pensar de nuevo en los pensamientos Keynesianos y darles la importancia que
de verdad se merecen.
Pensar
que el modo de producción capitalista es un sistema que se debe de ver con una
sola mirada es algo ilógico, pues pensar que una teoría es una verdad innegable
conduce a cerrarse a las demás posibilidades de entender la realidad. Mi
intencionalidad es decir que no nos debemos quedar con una sola postura. No nos
convirtamos en personas dogmáticas a algo. Sencillamente, ya no deberíamos
esperar a que una teoría o un postulado fallen para darnos cuenta que algo está
mal.
Bibliografía
Chang, Ha-Joon,
(2014). Economía para el 99% de la población. Grupo Editorial Penguin Random
House. Traducción de Teresa Beatriz, Barcelona – España. Capítulos 1 – 6.
Estoy de acuerdo con lo que planteas en el texto, no se puede pensar que una teoría sea una verdad innegable y que por ello se deba cerrar las demás posibilidades de entender la realidad, ciertamente las condiciones sociales se encuentran en constante cambio, lo que se conocía ayer y se daba por hecho no es lo mismo que conocemos hoy, la manera de afrontar las crisis requiere que cada vez se incorpore nuevos fenómenos y que estos son más complejos. Sin embargo se debería tener la capacidad de adoptar nuevas posibilidades de solución a los problemas que enfrenta la economía, ser consientes cuando una teoría se agota y ya no puede continuar aplicándose y entonces acoger nuevas posibilidades o volver a retomar los planteamientos que en algún momento ayudaron a solucionar los problemas. Es realmente contraproducente que la forma de dirigir la economía adopte una sola posición y se cierre a las posibilidades, sin embargo puede tratarse de una cuestión de “ego” por parte de los economistas, que no están dispuestos a cuestionar su corriente de pensamiento y no pretenden alcanzar acuerdos entre ellos, los distintos puntos de vista no están mal pero si no hay acuerdo en favor de entender la realidad no se puede tener el panorama completo. Lo que trato de decir con esto es que debemos reconocer que cada teoría funciona en unas condiciones específicas y se le reconoce el mérito, de donde además se pudo aprender grandes lecciones para las generaciones posteriores, pero que como dice el texto, no nos podemos quedar con una sola postura, si bien hoy en día los fenómenos económicos son cada vez más impredecibles, también hay más posibilidades a las que se puede recurrir y no esperar a ver qué tan fuertes son las consecuencias para considerar que había otras posibilidades.
ResponderBorrarDe acuerdo contigo, compañera. Sucede que muy comúnmente se suele ver el arraigo que existe frente a ciertas corrientes del pensamiento, frente a ciertas teorías y en muchas ocasiones esa misma posición dogmática que se tiene frente a ese tema ocasiona malestares tanto económicos como sociales. Tal vez añadiría que eso se deba al miedo o ha cierto temor por algo nuevo, nuevos pensamientos, nuevas teorías, nuevas maneras de entender el sistema pero no debe ser limitante para comprender lo que este mundo tan cambiante nos ofrece.
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